Una cuestión política, con
solución moral… ¿tiene futuro? Genaro Quijano
Seguí de cerca la campaña por la presidencia de los
Estados Unidos en el 2000, cuando se enfrentaron George
Walker Bush y Albert Arnold Gore. Después seguí la
elección y su desenlace incluyendo el resolutivo que
vino del estado de Florida (gobernado por el hermano Jeb)
en el que se decidió finalmente el triunfo de Bush.
Todas las cadenas de televisión mostraron cómo “se
limpió la elección” con un rústico proceso de
verificación a través del cual viejitos retirados de ese
estado, comprobaban a ojo de buen cubero la intención y
sentido del voto de los electores, por lo confuso para
leer los resultados en aquellas polémicas boletas
mariposa. Entre lo positivo de ese caso está sin duda,
la emergencia de una figura por demás encantadora que
era la secretario de estado, Katherine Harris, autora de
un texto titulado justamente Center of the Storm
con el subtítulo practicing principled leadrship in
times of crisis.
Durante la contienda todo indicaba que
Gore sería presidente. Se le reconocía más liderazgo y
sobre todo mucha más capacidad; se decía que kilo por
kilo era mejor candidato, le apuntalaba además ser parte
de una muy bien calificada administración Clinton, que
había superado la crisis de por mentir sobre su relación
con la becaria. Durante los debates, es cierto,
sorprendió un George Bush engallado, que aun cuando fue
exhibido utilizando apuntador, salió bien del
enfrentamiento y ganó su primer periodo con mucho menos
ventaja, que en su segundo para el cual prestó juramente
el 20 de enero de 2005.
La “derrota” de Albert Gore fue una de
esas cosas inauditas donde la lógica y la máxima de mi
amigo Marco Martínez Soriano, que afirma que la política
es una ciencia exacta, falló. La lógica indicaba que los
demócratas repetirían. Desde entonces, la agenda del
vicepresidente A. A. Gore cambió y, aunque su país es de
los estado que junto a Australia no han ratificado el
Protocolo de Kyoto que aglutina a cien estados, se
convirtió en uno de los activistas más reconocidos
metidos en la tarea de revertir los efectos del cambio
climático.
Si la historia hubiera sido distinta,
no estoy seguro que Al Gore estuviera “comprometido” con
la causa del cambio climático y el calentamiento global
como lo está. Su “verdad incómoda” tanto el texto como
su documental, cuyo reconocimiento produjo uno de los
momentos más emotivos de la 79 entrega de los premios de
la Academy of Motion Picture Arts and Sciences, debe ser
(hay que leerlo y verlo) un testimonio muy convincente
sobre la urgencia de actuar sobre este fenómeno que ha
sido calificado como el más grande de los retos
globales.
Entre los argumentos que expone,
conozco los siguientes:
“…los efectos del calentamiento
global que ya son observables y sobre la proyección
que tendrán si no se contienen las emisiones de CO2:
el deshielo de glaciares, como los del Himalaya,
donde nacen siete ríos de los que depende el 40% de
la población del planeta; los desórdenes climáticos,
causantes de que el número de huracanes de nivel 4 ó
5 se haya duplicado en los últimos 30 años; el
aumento de la frecuencia de lluvias extremas e
inundaciones; la amenaza a las especies, que podría
provocar la extinción de un millón de ellas en 2050;
la gravedad de las sequías, que han aumentado el
número de grandes incendios; la aparición de
enfermedades donde antes no existían, como en el
caso de la malaria; el deshielo del Ártico, que
podría aumentar en seis metros el nivel del mar en
2050.”
Un Oscar verde
Durante la presentación de Gore en la
79 entrega del Oscar, Leonardo Di Caprio dijo que
gracias a la inspiración del vicepresidente podía
anunciar “que la industria del cine siempre ha tomado
las obligaciones con la sociedad muy seriamente; y por
ello es un orgullo anunciar que por primera vez en la
historia del Oscar, este espectáculo es oficialmente
verde”.
Gore alterna: “lo que quiere decir que
prácticas ambientales inteligentes han sido integradas
absolutamente a todas los aspectos de la planeación y
producción de la ceremonia; y ¿saben qué? No es tan
difícil como pueden pensar. Tenemos un camino largo por
recorrer, pero cada uno de nosotros podemos hacer algo
en nuestras propias vidas para hacer una diferencia”.
Davis Guggenheim quien dirigió Una
Verdad Incómoda, al recibir el premio dijo “hice esta
película para mis hijos… nosotros (el equipo) hicimos
esta película porque fuimos motivados a actuar por este
hombre (señalando a Albert Gore) todos fuimos conmovidos
e inspirados por su lucha de 30 años para decirnos a
todos nosotros esta verdad”.
Mensaje de Al Gore durante la entrega
de los premios Oscar 2007
No es un asunto político, es
moral
Durante el clásico agradecimiento a la
academia, a la familia, la esposa… la nueva figura del
activismo ambiental dijo “gente de todo el mundo,
necesitamos resolver la crisis climática; no es un
asunto político, es un asunto moral; tenemos todo para
empezar”. No puedo responder a la duda de si Gore
hubiera sido presidente, los Estados Unidos ya serían
parte de los estados que comparten las metas ambientales
del Protocolo de Kyoto, de lo que si puedo dar cuenta es
que el vicepresidente está en una causa sumamente
atractiva; y está muy lejos de ser un hombre derrotado.
En esta, no sólo los gringos deberían seguirlo más
decididamente.